Christof Klute, 2006

TBR

Christof Klute
Fernando Golvano

Este artista alemán (Münster, 1966)  ha definido un sólido enfoque para su práctica fotográfica que se distancia tanto de la tradición formalista­ esteticista como de la herencia crítica y  conceptual. Precisamente, la singularidad de su proyecto fotográfico cabría reconocerla en el poder  de sus  imágenes para integrar simultánea y paradójicamente valores formales, simbólicos y  conceptuales, que pudieran conformar una suerte de mediación para una indagación artística y filosófica.

Este juicio no debiera extrañarnos si atendiéramos a un aspecto sobresaliente de su formación académica: nos referimos a sus estudios de teología y de filosofía en las universidades de Münster  y  de Colonia respectivamente. Ya en series  anteriores, como en Offzium, 2000 (fotografía cielos en los momentos de oración en diversos monasterios); en Phaenomenologica, 2000 (registra espacios  de universidades en las que impartió docencia Husserl); o en Cinquième promenade, 2001 (donde vuelve a recorrer  los lugares que acogieron al Rousseau de Las ensoñaciones de un paseante solitario), sus  imágenes, aún cuando parecen convocar  formas  adscritas a las convenciones genéricas heredadas quieren ir más allá: hacia una inédita deriva metafísica y  cognitiva. Como si de una tentativa de anamnesis­reminiscencia se tratase, esas fotografías recrean una memoria, archivo e invención de espacios, acontecimientos, representaciones, deseos y afectos.

Por  otro lado, las series de producción reciente que presenta en la Galería Altxerri, (y  que constituye su primera presentación en el contexto español)  tienen como motivo las célebres «Unidades de vivienda» (1922­37)  que proyectaría Le Courbusier  como paradigma de su espíritu nuevo en arquitectura en las  ciudades de Marsella, Berlín, Firminy, Briey en Forêt y Rezé­les­Nantes, a mediados de los años cuarenta. Klute repite enfoques en las  diversas versiones de esa vanguardista vivienda moderna, enfatizando el programa arquitectónico —como máquina para habitar y para meditar—, y sus complicidades plásticas, así el juego sabio y magnífico de las formas y del color bajo la luz. Espacios plenos de significación, aún sin la presencia humana, y espacios de una memoria de la arquitectura moderna más intempestiva y bella.

Cabe deleitarse y  pensar  con estas imágenes que enuncian la potencia de aquel racionalismo no exento de poderosos valores estéticos. Algo similar sucede con la enigmática belleza de otra serie (realizada en 2003), la dedicada a los interiores de la Villa Stonborough, que Ludwig Wittgenstein proyectara para su hermana en Viena. Klute, con esta muestra conecta tanto con la nueva objetividad de los Becher y su afán tipológico y  documental como con otros creadores que indagan otros procesos de producción de subjetividad, recreando una memoria de los espacios que es también una acción diferida sobre su dimensión poiética y estética. Klute, filosofa y siente con sus magníficas imágenes.