Begoña Zubero, “Tempelhof”, 2009

Noviembre /Enero 2010

La exposición es un trabajo fotográfico realizado en torno al mítico aeropuerto de Berlín, cerrado al tráfico aéreo durante el añó 2008, Tempelhof, de Begoña Zubero, también es el último proyecto fotográfico publicado por EXIT dentro de su serie de libros de fotografía tanto de artistas españoles como extranjeros, famosos y desconocidos, siempre que tengan un interés específico y no hayan sido publicados anteriormente. 
 
“Entre todos los edificios que han sobrevivido a la convulsa historia de Europa en el último siglo y que perviven como una huella de la historia inmediata, el aeropuerto de Berlín, Tempelhof, sobresale no sólo por la belleza y singularidad de su diseño y construcción, sino por ser un símbolo de la ciudad, haber protagonizado momentos históricos en la vida de la ciudad, y porque su cierre definitivo ha sido ya decretado, cambiando en este principio del siglo XXI un uso que definió y marcó toda la vida económica, social e histórica de Berlín en el siglo XX. Cierra, sí, un símbolo del poder del nazismo, un edificio mágico en sí mismo y que ha atravesado prácticamente un siglo con su inmensa presencia”.
 
“Las imágenes que Zubero ha creado no sólo refuerzan la presencia, sin duda ya eterna, de Tempelhof, sino que le dota de una vida paralela, una vida silenciosa y anclada en un tiempo indefinido. En un riguroso blanco y negro, Zubero fragmenta cada plano, cada curva, muestra con detalle los pasillos, la fachada, los servicios, sin que nunca veamos todo el cuerpo a la vez. Estas imágenes se recrean paseando por las curvas infinitas de un edificio que sigue siendo el más grande de uso civil en Europa, y el segundo del mundo después del Pentágono en Washington. Son fotografías de silencio, vacías de presencia humana pero cargada de vestigios, frías y que pertenecen a un tiempo que no es éste, definitivamente, que no es el tiempo, el momento en el que han sido tomadas. Son fotografías autónomas, que parecen alejarse del sentido del lugar para centrarse en mostrarnos la fría belleza de la línea curva”.
 
 

Jordi Teixidor, 2009

Septiembre /Noviembre 2009

Esta nueva muestra de la pintura de Jordi Teixidor abarca su obra de los últimos años, desde que expusiera en nuestra galería en el 2000. El trabajo mantiene las mismas grandes constantes de entonces como la utilización/reivindicación del negro, no como expresión de una emoción (tan tópicamente empleada sobre todo en la pintura española) sino como ausencia (que no negación) de un espacio. Esta disponibilidad del espacio es utilizada en una ordenación siempre austera de elementos de una rigurosa geometría, donde una corta gama de color con predominio del amarillo es plasmado con evidente control de la utilización del gesto. 

Como muchas veces ha comentado Teixidor, se trata de reducir no de añadir o acumular, se trata de generar pensamiento no emoción. Y en esos espacios vacíos aparece el recuerdo, tal vez melancólico, de la arquitectura o de la música, a menudo presentes en su trabajo como se evidencia en la obra principal de la muestra: Elektra.

Teixidor utiliza también y mucho el papel como soporte sin que, por ello, la obra deje seguir siendo característica de sus intenciones. Sigue empleando en ella el óleo pero los formatos y la mayor sencillez de lenguaje sugieren entonces referencia de orden poético. 

¿Arquitectura, música, poesía…como si la pintura en si misma no fuera suficiente para albergar ese pensamiento al que el artista pretende hacernos llegar? Más bien fusión de la idea con la materia: el resultado es totalmente pictórico pero el conjunto de referencias es lo que nos conduce a la reflexión del mismo modo que es la secuencia de reflexiones la que produce el pensamiento.

Jorge Molder “Ocultaçoes”, “Em 1ª mâo” 2009

Julio /Septiembre 2009

“Porque el arte nunca puede estar bajo control. El artista debe preguntarse a sí mismo qué está haciendo y reflexionar sobre el mundo que lo rodea, sobre toda una serie de cosas que no tienen respuesta.”

“Mi obra nace a partir de un encadenamiento de cosas que permiten comenzar a trabajar. Es interesante cuando un accidente en la trayectoria se torna más importante que la propia trayectoria y no es malo perder alguna idea original…”

J.M.

José María Yturralde “El espacio ausente”, 2009

Mayo /Julio 2009

José María Yturralde retoma la tradición renacentista que concibe el Arte como disciplina deudora de la aritmética y la geometría.

La reflexión sobre el vacío como contenedor
enlaza con el concepto de comienzo de todas las cosas, horizonte en el que se crea el universo.

Como nos dice Yturralde “Hacer obras que sean como esas quince piedras del Ryoan-Ji que son, más que un objeto en si mismo, un elemento de meditación”.

Miguel Ángel Campano, 2009

Marzo /Mayo 2009

La galería altxerri de San Sebastián presenta desde el viernes 13 de Marzo obra reciente de uno de los artistas referentes de la escena artística española de los últimos años. Será su segunda exposición en la misma tras la realizada en 1995 en la que se mostraba la transición de sus series reinterpretativas de Poussin hacia la abstracción o “proceso de vaciado del lienzo“ en sus propios términos. 
 
16 Óleos de diferentes tamaños y acuarelas de formato pequeño, fechados entre el año 2000 hasta el 2007 permiten una ajustada visión sobre su obra reciente en la que recupera la “gestualidad” de los años 80 , ahora más libre y quizás más sabia. Premio nacional de artes plásticas en 1996 toda su obra continua validando la permanencia de la pintura como lenguaje autónomo al margen de modas y tendencias del mercado.
 
Inició Arquitectura y Bellas Artes en Madrid y Valencia, aunque no finalizó ninguna de las dos. Fue seleccionado en las exposiciones “1980” (Galería Juana Mordó, Madrid 1979) y “Madrid DF” (Museo Municipal, Madrid, 1980), en las que exponían los artistas jóvenes más significativos de cara a la nueva década. Desde 1980 reside en París y Soller (Mallorca).
 
A principio de la década de los setenta abandonó el automatismo, y hacia 1973-74 su pintura entra en el ámbito de la abstracción geométrica influida por artistas como Gerardo Rueda y Gustavo Torner. Durante 1976-77 se estableció en París, donde abandona los rígidos esquemas geométricos por una abstracción gestual en la línea del “Action Painting” norteamericano. Hacia 1985 su estilo se dualiza, por un lado practica una pintura abstracta de mayor simplificación y despojamiento, y por otro, una pintura de naturalismo extremo.
 
Temáticamente, desde 1980, su obra se ha organizado en series inspiradas en la tradición moderna, basándose en Cézanne (para lo que viajó por la Provenza francesa y los alrededores de la montaña de Saint Victoire), y en la tradición clásica. Realiza así los Naufragios, basada en La barca de Don Juan de Delacroix y las series en torno a las alegorías de Poussin conservadas en el Louvre: Le Déluge (1980-82), La Grappa (1985-86) y Ruth y Booz (1990). Por otro lado, su obra ha sufrido una reducción de matices cromáticos. Las tintas se vuelven planas, y el negro del contorno cobra protagonismo. Esta nueva tendencia se aprecia en las series de dibujos que pinta desde finales de la década, donde traza planimetrías sugerentes sobre una superficie blanca de papel.
 
Desde 1969 expone de forma continuada tanto en exposiciones individuales como colectivas, y a nivel nacional e internacionalmente. Su obra forma parte de las más prestigiosas colecciones institucionales: Museo de Arte Abstracto Español (Cuenca), British Museum (Londres), Museo de Bellas Artes de Bilbao, Universidad Complutense (Madrid), MNCARS (Madrid), Banco de España (Madrid), Centro Georges Pompidou (París), Fundación Juan March (Madrid), Fundación Caja de Pensiones (Barcelona), Museo de Bellas Artes de Álava (Vitoria), Museo de Navarra, Museo Municipal (Madrid), y la Colección Caixa Galicia (A Coruña).
 

Raquel M. Ubago “Estructuras”, 2009

Enero / Febrero 2009

Síntesis de la Forma
José Laborda

Hubo más de un tiempo en que las vanguardias precisaron volver  sus ojos hacia las propuestas clásicas en su camino hacia el futuro. Los momentos críticos de la expresión de la forma han sido siempre así, han necesitado la geometría como sugerencia indispensable, mientras que en su cercanía el tropel de los  gestos epidémicos trata de encontrar  una salida que no encuentra. Eso pasó en el tiempo de la vanguardia antigua, cuando nuestros clásicos recuperaron el clasicismo precedente y decidieron refugiarse en la esencia de Roma. Fue la suya una actitud geométrica, de proporción y medida, que desde entonces  enseñó al mundo que lo moderno nunca se refiere al tiempo sino a la actitud.

Muchos años después, en el comienzo del siglo XX, la crisis del pensamiento convino también el en el rechazo del ornamento, de la misma forma que la vanguardia antigua había detestado el gótico rebosante. La geometría fue de nuevo el cobijo de la inteligencia. La serie, el aprecio por el módulo fueron durante un tiempo única opción que podía controlar  el caos. Seguramente por  eso podemos encontrar  vínculos entre las actitudes de Bramante y Gropius, pese a ser sus tiempos tan diferentes.

Pero para los modernos recientes hubo aún otro reto insoslayable: la urgencia por afrontar las consecuencias  de la Gran Guerra. Fue la Bauhaus la síntesis de la vanguardia reciente, se atuvo a las premisas que el ambiente señalaba y lo hizo con método y firmeza pese a su aparente heterodoxia. La línea , el módulo ,la geometría, la serie y  la difusión de la síntesis fueron sus argumentos metodológicos. Nadie había conseguido ser tan moderno desde el siglo XV.

Nuestro tiempo comienza a parecerse mucho al de esa segunda vanguardia; tan sólo nos falta la guerra, pero el caos conceptual avisa ya de que un nuevo episodio de síntesis va a ser indispensable. Y tal vez sea ésta de Raquel Ubago la primera muestra en la España reciente de la nueva vanguardia. El retorno a la síntesis  de la forma que contienen sus series geométricas nos sugiere una forma de afrontar la incertidumbre. ¿Estamos ante el nuevo movimiento moderno que necesita nuestro caótico presente?

Raquel Ubago combina en sus series lo numérico y lo geométrico, como ya ocurrió en la vanguardia antigua de Paccioli; sus resultados  son variaciones que mantienen una armonía semejante y  cambiante al mismo tiempo, casi inorgánica,, parecida acaso a la cristalización del agua. Son series capaces de aceptar el color y  de suspenderse en él, esenciales en su forma y sintéticas en su mensaje geométrico.

También la Bauhaus produjo actos sintéticos y  geométricos, es en eso en lo que coinciden procesos tan distintos como los de Klee, Kandinsky, Breuer o Mohoy­Nagy. La arquitectura se encontraba en el fondo de todo ello, inexplícita aunque latente en su manera de expresar  y ordenar la síntesis de la forma. Raquel Ubago recupera esa vanguardia, y lo hace por instinto y por convicción no en vano ella también procede de la arquitectura. La Bauhaus  deseó que sus propuestas pudiesen ser difundidas y repetidas, eran tiempos  de crisis, era necesario cambiar la costumbre. Tal vez esta muestra de Raquel Ubago nos permita vislumbrar  un orden que pueda afrontar el futuro.